mobile lenguaje audovisual

¿Cuantos espacios hay en un mensaje audiovisual?

Dos. Uno es el espacio en el que ocurre la historia a contar y otro es donde se encuentra el espectador. Tradicionalmente, esos dos espacios estaban claramente delimitados. El espacio A era para los personajes, el espacio B era para la audiencia. Así como con la aparición de las cámaras como traductoras del espacio B el lenguaje audiovisual evolucionó respecto al teatro, con la aparición de las pantallas mobile el lenguaje audiovisual también tendría que ser diferente. De la misma manera que se ha planteado la adaptación de las webs o de los email al responsive, algo tendríamos que replantearnos respecto a hacer mobile friendly nuestros vídeos. El vídeo es mobile por definición. No voy a hablar ahora de las previsiones o de la importancia a nivel marketing sobre los videos  o de la viralidad de los mismos. Quiero profundizar sobre algo anterior.

Me explico.

Todos somos concientes que el target es multitasking, ubicuo y consume vídeo en multiples dispositivos y pantallas. He incluso puede encontrase en varias a la vez. El llamado second screen.

Sabemos que la duración puede ser un factor importante en el consumo o en la viralidad, ¿pero nos hemos planteado que el vídeo también debe ser responsive? 

Tengo pensado hablar del concepto responsive en sentido amplio posteriormente, pero centremos el tema. El espacio, el espacio también debe ser tenido en cuenta en el vídeo. El espacio ha evolucionado en los mensajes audiovisuales. Y con la entrada del mobile también ha cambiado el espacio del target. Nuestro target es travelling y no “congelado” como era antes de la irrupción de los dispositivos como la tablet o el móvil.

Dejadme que haga una breve historia al respecto.

En el teatro, existían dos espacios claramente diferenciados. Uno en el cual se encontraban los actores y otro donde se encontraba el público. Este último, en la cuarta pared.   La cuarta pared se definía como pared invisible imaginaria a través de la cuál la audiencia veía la actuación. Era la separación entre la vida de los personajes con la de cualquier miembro de la audiencia. Excepcionalmente se podia romper esa cuarta pared cuando el personaje se dirigía al público, o se usaba el recurso del aparte para expresar pensamientos en voz baja que solo podían ser escuchados por los espectadores.

la cuarta pared

Era la pared entre el on y el off antes de la llegada del 2.0.

Este concepto de cuarta pared era fácil de respetar en el teatro. Era absolutamente impensable que el espectador traspasase esta pared y entrase en el mundo on de la historia, que se mezclase con los personajes y su universo. El espacio de la acción audiovisual era uno y el de la audiencia era otro muy diferenciado.

Hubo una primera revolución en este esquema espacial con la llegada del cine y posteriormente del vídeo. Descubrimos que la cámara era el ojo del espectador y se movia. Era capaz de interferir en el interior de este espacio delimitado por las tres paredes que pertenecían al mundo de los personajes y transportar una perspectiva totalmente nueva. Esta evolución de la relación espacial entre la historia y los personajes enriquecía considerablemente la historia, pero a su vez la complicaba. Los que nos dedicamos a la realización audiovisual conocemos perfectamente el famoso eje y el temido salto de eje.

Aquella línea imaginaria que se creaba entre dos personajes que se miraban entre ellos o aquella línea imaginaria que se creaba en la dirección del caminar de un personaje era el eje. En líneas generales y atendiendo a la ortodoxia del lenguaje audiovisual, ese eje no lo debíamos traspasar al cambiar una posición de cámara. (Un ejemplo de traspaso de eje seria el famoso ángulo inverso de los partidos de fútbol). Saltarse el eje suponía despistar al espectador, puesto que su punto de vista era el mismo.

salto de eje

Si en una simple acción de caminar, el plano general se veía como el actor caminaba de izquierda a derecha y en el plano corto saltábamos el eje de la dirección en la colocación de la cámara observábamos como de repente este actor caminaba en sentido inverso. Ahora parecía que en vez de ir, regresaba.

En resumen, aprendimos que la incursión de la cámara en el espacio de la historia que tradicionalmente pertenecía a los personajes, modificaba los paradigmas a los que se tenía que adscribir el realizador de audiovisual. La perspectiva  habia cambiado.

Ahora tenemos un factor más a tener en cuenta. El espectador, target se ha levantado de su butaca y se mueve. Si, si , se mueve. No solo la cámara puede hacer travellings. El espectador puede hacer su propio travelling. ¿Éste cambio tiene que haber dado nuevos condimentos a la producción al mensaje audiovisual? Hay que dilucidarlo y adaptar de nuevo el lenguaje audiovisual como nuestros antecesores adaptaron la incursión de la cámara, en el claro mensaje teatral.

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